Desmontaje y construcción cultural
Abordar la cuestión cultural desde el punto de vista antropológico (que se podría definir escuetamente como las costumbres civilizatorias predominantes en los pueblos y en cada época) es diferente al enfoque clásico de la cultura, es decir el enfoque – también válido – que remite la cultura a aquellas expresiones relacionadas con la ciencia; el arte; y la filosofía.
Aquel abordaje (el antropológico) implica incorporar la noción de desmontaje cultural, requisito imprescindible para una construcción cultural nueva.
Esta tesis estaría aseverando que para la construcción de una nueva cultura (cambio de paradigma civilizatorio) es necesario un desmontaje de la cultura existente.
La etapa de desmontaje cultural no necesariamente es previa a la construcción de una nueva cultura, posiblemente estemos hablando de un proceso combinado (y dialéctico) donde una cosa se apoye en la otra simultáneamente.
Es interesante detenerse en el concepto de “costumbre civilizatoria predominante”, pues esto supone que en la actual cultura global coexisten subculturas (que no son la predominante) que pueden contener, o no, gérmenes de la nueva cultura (que no por nueva es desconocida y no practicada, aunque suene contradictorio).
También es necesario, por una cuestión de orden, definir, aunque más no sea esquemáticamente, las características y claves principales de un tipo cultural y otro.
Empecemos por decir que no todo lo predominante es negativo, ni todo lo atinente a las subculturas no predominantes es bueno, pero sí se puede afirmar que todo integra el sistema cultural general.
Pasemos pues a la definición esquemática:
El paradigma predominante estaría delimitado por los parámetros culturales negativos de occidente, y que bien se pueden sintetizar con la palabra despilfarro.
Despilfarro, individualismo, consumismo, es un eje de la cultura predominante occidental. Pero no se puede desconocer que otro eje es también el desarrollo industrial y sobre todo el tecnológico, lo cual se puede rescatar como aspecto positivo.
Parecería (aunque es muy poco sociológico afirmarlo así nomás) que el ámbito adecuado donde se desarrollan ambos ejes es la sociedad de masas. Ese es el ámbito; y el modo de producción (y esta afirmación tiene un poco más de respaldo científico) ha sido el capitalista.
Resumiendo; se podría decir que el modo de producción capitalista y la sociedad de masas han generado y contribuido al desarrollo de; por un lado: la industria y la tecnología en grados no conocidos anteriormente; conjuntamente, por otro lado, con un tipo cultural predominantemente individualista y despilfarrador, que no son otras que las características genéricas de la clase social predominante en ese modo de producción: LA BURGUESÍA.
Desmontar los parámetros de la conducta burguesa requiere, en primer término, de la conciencia y la promulgación de patrones de conducta diferentes. Pero diferentes no en cualquier sentido, sino en un sentido superador del individualismo y el despilfarro, y por lo tanto constructor de solidaridad, colectivismo y austeridad.
Recordemos la (precaria y esquemática) definición de cultura en un sentido antropológico, es decir, -y aquí viene una simplificación casi imperdonable- CULTURA COMO COSTUMBRE.
La pregunta central desde este enfoque sería:
¿Cómo pasar de la costumbre del individualismo y el despilfarro a la costumbre de la austeridad y el colectivismo?
Aquí es necesario plantearse cómo (en la actualidad) se enganchan y complementan el desarrollo industrial y tecnológico con el eje cultural del despilfarro.
Buena parte de la industria de la fase actual del capitalismo está montada sobre el concepto del “uso y tiro”, es decir: lo descartable.
Los bienes producidos, sobre todo aquellos de uso individual o familiar (vestimenta, televisores, computadores, celulares, etc.) ingresan al mercado programados para su vencimiento. Esto porque la tecnología que compone los “bienes tecnológicos” así es programada, y para el caso de los bienes no programables de ante mano todavía (por ejemplo: la vestimenta) el mecanismo utilizado es su programación exterior; es decir: desde la cabeza del consumidor, desde su cultura, desde su costumbre y sus hábitos. Un mecanismo refuerza al otro, esta lógica conduce a un consumo suicida desde el punto de vista económico y sicológico (cuando no también ecológico), o lisa y llanamente: al despilfarro.
El zapato puede “quedar viejo” no porque se gastó y no sirve más, sino que como no está más a la moda no sirve. O el precio de un zapato nuevo puede variar no en función de su calidad, sino en función de la demanda que tenga por “estar a la moda”.
En el volumen de producción a escala, o sea en la producción masiva de bienes, el concepto de descartable se vuelve sumamente rentable. Rentabilidad por otra parte segura, ya que la demanda es INDUCIDA, el capitalista puede prever qué producir, cuánto producir, y en que momento parar de producir.
Este esquema productivo requiere de una sofisticada manipulación de las masas, (además de ser suicida desde el punto de vista económico, debido a los limitantes provenientes de los recursos naturales).
La manipulación (Marx diría alienación) se sustenta en un paradigma cultural predominante que atraviesa transversalmente a las clases sociales.
Así vemos cómo los sectores populares (los más) incorporamos comportamientos contradictorios con nuestra situación de clase.
Despilfarrar cuando se posee la base material para hacerlo es sólo estupidez, pero despilfarrar cuando no se tiene conqué, produce profundas alteraciones a nivel microeconómico y a nivel sicológico (traumas, resentimientos, sensación de desesperación, FRUSTRACIÓN) sobre las bases constitutivas de la sociedad (los hogares, los individuos, las familias) además de distorsionar la macroeconomía.
EJEMPLO I)
La producción agropecuaria conlleva ingentes esfuerzos múltiples a nivel institucional (apertura de mercados, sanidad animal, etc.) y a nivel de las cadenas productivas, todo destinado a satisfacer las necesidades del mercado interno y la exportación de bienes para la posterior captación de divisas en el mercado internacional. Estas mismas divisas que significan “litros de sudor” de tanta gente (peones, productores, veterinarios, obreros de la industria cárnica, granjeros, etc.), muchas veces “retornan” al mercado internacional al momento de la importación de tecnología que el Uruguay no produce, por ejemplo al importar tecnología casi estéril desde el punto de vista productivo como lo son los teléfonos móviles (celulares), que después son vendidos en el mercado interno para ser usados por niños o adolescentes, porque es moda y así lo sienten necesario.
Vemos con este ejemplo cómo la producción nacional y el esfuerzo de nuestra gente se “mal gasta” y se despilfarra por un factor cultural.
EJEMPLO II)
El cuerpo de la mujer.
El cuerpo de la mujer en las últimas décadas ha sido objeto de un foribundo ataque por parte de la industria de la moda.
La mujer, el ser vivo superior en la escala biológica por perfección y complejidad (entre otras cosas supera al hombre por la capacidad de gestar nueva vida), ha sido sujeto de dominación históricamente (con la salvedad de alguna civilización matriarcal de tiempos remotos o lugares recóndidos).
Hoy, la mujer está fuertemente sometida por factores culturales pese a los barnices discursivos superficiales de diversidad y prácticas aparentemente liberadoras.
Bajando a tierra el ejemplo, basta caminar por la avenida principal de la capital (18 de julio) para constatar la uniformidad a la que están sometidas (las personas en general pero) las mujeres en particular.
Lo único que diferencia los viejos uniformes militares de la uniforme moda actual es la variedad en los colores (que en el fondo también es un elemento uniformizador). Por lo demás, desde el cabello, el peinado, la vestimenta, el calzado, los accesorios como carteras; lentes; alajas (celulares, etc.), hasta el lenguaje (oral y corporal), la uniformidad es asombrosa.
La delgadez del cuerpo es otra de las facetas de la moda actual (y repárese en el concepto de “actual”, porque en otras épocas esto no fue así) causante de diversas distorciones en nuestras muchachas y muchachos (sicológicas y físicas; bulimia, anorexia, etc.) Sumamente funcional a un tipo de producción de vestimenta uniforme y uniformizante, la delgadez (y cierto discurso médico) le garantizan a la industria de la moda un prototipo de físico humano capaz de asegurar una producción en serie (además de ahorrativa en materiales de confección) PREVISIBLE. Además de las cuestiones específicas de cuerpos adaptables (capacidad física; flexibilidad, etc.) al ritmo de vida (producción y consumo) de esta etapa del sistema productivo capitalista.
Es interesante consultar al respecto a Foucault, y sus trabajos sobre los mecanismos de disciplinamiento y control del cuerpo y la conducta.
Este fenómeno corta transversalmente clases sociales, es profundamente homogenizador, más allá de expresiones subculturales particulares llamadas por algunos “tribus” (urbanas, por ejemplo) donde también se puede constatar que a la interna de esas “tribus” la homogeneidad en los estilos se repite, existiendo también toda una industria por detrás.
Para el interior de la República funciona el mismo mecanismo, con la salvedad que se da con retraso y persiguiendo lo implantado y/o usado en la capital (Montevideo) o capitales regionales (Montevideo, Santiago; Río, San Pablo), aunque en este sentido la tecnología (televisión; radio; internet; facilidad para transportarse desde y hacia la capital) acorta las “distancias culturales”.
Repito: más allá de los “desvíos” de la pauta cultural predominante en las sociedades de masas, este comportamiento redunda en negocios sumamente rentables. La moda crea la necesidad, el mercado es tan amplio como la población existente, lo que puede variar es la calidad de los productos (el que no llega al shopping va a la feria), y la colocación está asegurada.
Desmontar el circuito cultural-industrial del despilfarro, es una tarea profundamente LIBERADORA. Y la construcción de un nuevo paradigma cultural, requiere inexorablemente de la desactivación del paradigma vigente.
Esta tarea no sólo puede remitirse a una cuestión conceptual e intelectual, sino que debe sustentarse en una acción práctica cotidiana, que trabaje sobre la cultura-costumbre de la gente. Entre otras cosas: predicando con el ejemplo.
Esta acción se transforma así en una acción POLÍTICA indispensable para superar el modo de producción vigente en clave de Liberación Nacional y en tránsito hacia el SOCIALISMO.
Listón - Marzo 2006